Ieco / Clarín
Buenos Aires, 7/6/15
China ha modificado en sus raíces su estrategia de vinculación con América del Sur, y en especial con Brasil, principal país industrial de América Latina y único que logró industrializarse a través del ciclo completo de sustitución de importaciones, y llegó incluso a la fase de exportación de manufacturas (1968 / 1972).
El primer ministro Li Keqiang anunció en Brasilia (19-05-15) la creación de un fondo de desarrollo industrial (US$30.000 millones) para impulsar la internacionalización productiva de la manufactura brasileña y por extensión de América del Sur.
El Fondo Soberano chino (CIC / US$685.000 millones) estableció esa semana un fondo especial de US$70.000 millones destinado a “…promover las exportaciones de la capacidad industrial china”, diferenciándola de la venta de bienes manufactureros en el exterior.
“Se trata –dijo Gu Dawei, titular de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), organismo de planificación de la República Popular– de exportar la industria china como un todo, a través del traslado al exterior de su capacidad manufacturera”. Son las inversiones directas (IED /greenfield) de nuevas plantas y sistemas de equipamiento industrial.
Por eso señaló Li Keqiang que China quiere ayudar a Brasil “ … a diversificar su economía y la estructura de su comercio exterior (centrado hoy en las exportaciones de materias primas / 62% del total en 2014); y esto exige ante todo elevar la calificación (upgrading / nivel de productividad) de su industria”.
“En este momento –advirtió Li Keqiang en la CEPAL, cuna de la estrategia de industrialización sustitutiva de América Latina– los países avanzados pujan por reindustrializarse, y el mundo emergente necesita promover su industrialización y urbanización; y esto exige avanzar dentro de la cadena internacional de producción, en el momento en que experimenta una nueva revolución industrial”.
Los términos de Li Keqiang son inequívocos: la estrategia de desarrollo industrial de los países emergentes convierte la fase de globalización en sinónimo de participación en el sistema integrado transnacional de producción.
El desarrollo industrial es hoy igual a internacionalización productiva; y esto exige, a diferencia de la etapa de industrialización sustitutiva (1950-1974), abrir en forma profunda e irreversible la economía nacional. Terminó históricamente la etapa del desarrollo doméstico.
“El continuo avance de la globalización –precisó Li Keqiang– implica que los países modifican continuamente los lugares que ocupan en la cadena transnacional de producción; y al hacerlo (es el caso de China en los últimos 6 años), trasladan a los países emergentes líneas industriales de producción de bienes de equipo y capital así como capacidades de gestión empresarial y tecnologías avanzadas.” El objetivo de la inversión china en Brasil es ahora diversificar la producción industrial, “…fusionándola con las tecnologías más avanzadas de EE.UU. y Europa”.
Brasil atrajo US$62.495 millones de IED en 2014, que aumenta a US$96.851 millones si se agrega la reinversión de ganancias de las compañías transnacionales. Por eso se ha convertido en el 3er. país del mundo en atracción de IED, después de China y Estados Unidos. También absorbe prácticamente la totalidad de la IED manufacturera china en América Latina (90% del total / US$1.100 millones).
Comienza un nuevo ciclo en el vinculo bilateral China /América del Sur. El comercio entre las dos partes creció 22 veces entre 2000 y 2014, y 90% de la IED china se destinó a minería e hidrocarburos.
Ahora China se convierte en la principal palanca para el desarrollo industrial de América del Sur.
domingo, 7 de junio de 2015
martes, 12 de mayo de 2015
"La situación de la región es bastante preocupante" (Bart Pattyn) - Florencia Carbone
LA NACION
Buenos Aires, 12/5/15
CEO de Coface Latinoamérica cree que la realidad argentina no es de tanta complejidad, pero requierede "valor y decisión" para tomar las medidas necesarias
Buenos Aires, 12/5/15
CEO de Coface Latinoamérica cree que la realidad argentina no es de tanta complejidad, pero requierede "valor y decisión" para tomar las medidas necesarias
Cada año, en abril, Bart Pattyn, presidente y CEO de Coface Latinoamérica visita Buenos Aires para participar de la Conferencia de Riesgo país que organiza el grupo asegurador. En 2014, describió con crudeza el panorama local: "La actual realidad económica es igual a la de 2001", espetó haciendo foco especialmente en la inflación. Sin embargo, luego aclaró que confiaba en que, si bien en la charla de este año su percepción no sería "tan optimista", creía que en 2016 las cosas estarían bien en la Argentina.
¿Sigue pensando que 2016 será un buen año para el país?
-Creo que llegó la hora de la verdad. Estamos en un proceso electoral. Los argentinos tienen que elegir qué futuro quieren. Continuar con lo que existe crea sus propios problemas; elegir por el cambio siempre es elegir por incertidumbre pero el cambio puede mejorar las cosas. Diría que en 2016 hay probabilidad de que las cosas mejoren si de verdad eligen el cambio. De todas formas, entre nuestra charla de 2014 y la de ahora hay un cambio fundamental en los flujos internacionales que tiene que ver con los precios de las materias primas: petróleo, cobre, acero, soja, que están más o menos a la mitad del precio de hace cinco años. Y desafortunadamente se ve que este nuevo equilibrio es bastante estable, que no regresaremos en el corto plazo -18 meses- o mediano -tres a cinco años- a los niveles de precios altos de las materias primas.
¿Por qué se dio esto?
-La razón es que la demanda de materias primas bajó y en el caso de algunos productos aumentó la oferta. Por ejemplo, el petróleo. El país más grande de consumidores -Estados Unidos-, es casi independiente de la importación, están produciendo mucho más que hace años. Además, por unos 20 años hubo un sistema en el que otro país -China- invertía de manera permanente en bienes de producción. Ahora tiene una sobrecapacidad y sobreproducción, y bajan los precios. Además, la economía China está en medio de una reconversión: de economía de consumo a economía de producción, y por lo tanto ya no le hace falta tanto acero, cobre y petróleo. Estamos con un cambio estructural en la economía global y en este nuevo equilibrio el ganador es el consumidor estadounidense y los perdedores, a nivel abstracto, los gobierno de los países exportadores de materias primas.
La región
-En general, los años de vacas gordas en América latina estuvieron vinculados con un aumento permanente en los precios de las materias primas y eso, desafortunadamente, se acabó. Si se mira a la Argentina hay una dualidad: la situación local que está desconectada con la realidad global y al mismo tiempo es parte de esa realidad.
¿Cuando dice que está la oportunidad de elegir un cambio se refiere a las elecciones presidenciales?
-Como extranjero no puedo tener opiniones sobre asuntos políticos. Cuando hablo de cambio me refiero al rumbo económico, no a elegir a un partido u otro.
¿Cree que sin importar quién sea el próximo presidente deberá cambiar las cosas para recuperar la senda del crecimiento?
-Es difícil imaginar continuar con los mismos parámetros sin entrar en una crisis muy profunda, como se ve en Venezuela. Hay muchos paralelismos: falta de convertibilidad, inflación permanente, alta y subiendo, problemas de empleo, de competitividad de exportaciones, reducción de importaciones y como consecuencia no hay máquinas para aumentar la productividad, gastos laborales muy altos, etc. Pero efectivamente hay una oportunidad para tomar decisiones que cambien el rumbo y algunos elementos estructurales que frenan mucho el desarrollo.
¿Puede la Argentina terminar en la misma situación de Venezuela, con la estructura productiva y de recursos humanos y naturales que tiene?
-Creo que es el momento de tomar decisiones. Hay varios países a los que les va bastante bien, hay otros que no tanto. En Rusia, por ejemplo, hay un choque externo (con el precio del petróleo) y uno interno (con la anexión de Crimea) que produce una erosión muy fuerte del poder adquisitivo. ¿Cómo se ve la Argentina en este contexto? ¿Se sigue el modelo de un país que exporta solamente un producto, que su presupuesto depende del precio de ese producto y que si el precio cae a la mitad los cofres del Estados quedan vacíos? ¿O se reconvierte en lo que existía antes en la Argentina, un aparato de producción industrial y no depender solamente de un producto además de integrarse con una región en común?
¿Golpea a toda la región por igual el final del superciclo de las commodities?
-Creo que sí. Venezuela con el precio del petróleo en el nivel actual entrará en cesación de pagos. Argentina tiene problemas con la soja y la mala suerte de que la cosecha ha sido muy buena en el mundo. Chile tiene el mismo problema con el cobre y además hay un gobierno de izquierda que quiere gastar más. Ecuador está dolarizado, no pueden ajustar su moneda y el precio del petróleo es parte del presupuesto del Estado. En Colombia 70% de las exportaciones son petróleo; en Perú y México el panorama es parecido. Estamos en una situación bastante preocupante en América latina.
¿Aprovechó la región este superciclo de precios para hacer reformas o inversiones que hagan sustentable el crecimiento?
Es muy diferente de un país a otro. Si miramos la economía chilena, que es mucho más pequeña, ahí si se invirtió mucho en infraestructura. Colombia ha tenido por 25 años el problema de los narcos y la inseguridad y ahora, con este bache de superdividendos creó una economía mucho más robusta, de producción. México, aunque gran parte de sus exportaciones son hacia Estados Unidos, se diversificó fuera del petróleo y materias primas. La diferencia se ve entre los que tienen sus playas en el Pacífico y los que dan al Atlántico. Para la región lo que es de mala suerte es que Brasil tiene muchos de los mismos problemas de Venezuela y Argentina.
¿Qué pasó con Brasil?
-Tuvo la oportunidad de consumir su dividendo demográfico. En este tiempo de superprecios invirtió en crear una nueva clase media, gente que tenía un poder adquisitivo muy bajo y que ahora tienen tarjeta de crédito, televisión, accedió a un auto. Pero eso se consumó.
¿Qué hace que los inversores vean más atractivo a un país, un mercado interno fuerte y numeroso o uno con transparencia y facilidad para hacer negocios?
El tema de muchos habitantes fue la teoría en la que se basó el concepto de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Una economía basada en su mercado crecerá rápido y de manera sustentable. Pero quedó probado que eso no funciona así.
¿Cuál es hoy el motor de crecimiento de la economía?
-Gastos de producción. Cómo podemos producir de una manera competitiva y luego distribuir los productos en los mercados que compran -que si miramos, son las economías avanzadas y algunas economías emergentes, casi emergidas-. ¿Dónde invierten las compañías? O bien en su propia casa -las empresas norteamericanas tienen mucha presión para invertir en su propio empleo- o donde se pueda producir de manera barata sin trámites, corrupción, sin muchas restricciones.
Cuando habla de productividad de un país, ¿se refiere a salarios y costos de producción bajos o entran en juego otros factores?
No es cuestión de gastos de producción bajos porque la productividad en Alemania es muy alta y los gastos de producción también lo son, sin embargo los productos alemanes se venden muy bien. No es sólo cuestión de cuánto vale sino de cuánto se produce: productividad y costo de producción. Y ahí entran la convertibilidad de la moneda, la inflación, el grado de educación, la infraestructura, el precio de la energía, la burocracia -que muchas veces juega de manera negativa-, la transparencia en la manera de trabajar, la corrupción o no de la aduana. Son muchos elementos.
¿Cómo imagina la Conferencia 2016, de qué se estará hablado?
-Toda crisis tarda más o menos 18 meses. En un año estaremos en la última parte de lo que está empezando ahora. Es crucial para la Argentina qué tipo de gobierno tendrá, qué decisiones tomará, si hará que el peso sea absolutamente convertible, es decir que la gente pueda comprar dólares como se le de la gana con la consecuencia inmediata de eso sobre la tasa de cambio. No se puede mantener el bluecomo si existiera. Hay sólo un tipo de cambio que sirve para todo el mundo. Luego, la gestión de la inflación. Para bajarla es cuestión de reconoce el problema y tomar las medidas que lo corrigen. En la Argentina la complejidad no es tanta, es cuestión de valor y decisión para tomar las medidas necesarias..
lunes, 4 de mayo de 2015
“Los gobiernos posneoliberales de América Latina han rescatado la función del estado” Entrevista a Emir SADER
Enric Llopis
Rebelión
Aparentemente el neoliberalismo apuesta por el mercado, el sector privado y la desregulación en todos los ámbitos, de manera que (a simple vista) el estado constituiría una barrera para el libre discurrir de la oferta y la demanda. Sin embargo, los gobiernos de corte neoliberal hacen un uso intensivo del aparato estatal para desarrollar sus contrarreformas. En América Latina, sin embargo, los gobiernos progresistas o “posneoliberales” han rescatado al estado y le han otorgado otra función, según el sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader: la prioridad de las políticas sociales en lugar del ajuste fiscal; o la primacía de la integración regional y los intercambios Sur-Sur, frente a los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Emir Sader es uno de los fundadores-impulsores del Foro Social Mundial de Porto Alegre, además de profesor retirado de las universidades de Sao Paulo y del Estado de Río de Janeiro. Entre 2006 y 2012 fue secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Entre su abundante bibliografía figuran “Lula y Dilma, 10 años de gobiernos posneoliberales en Brasil”; “El nuevo topo: los caminos de la izquierda latinoamericana”; “Porto Alegre: otro mundo es posible” o “La venganza de la historia”. Es también coordinador de la Enciclopedia Contemporánea de América Latina y el Caribe.
Rebelión
Aparentemente el neoliberalismo apuesta por el mercado, el sector privado y la desregulación en todos los ámbitos, de manera que (a simple vista) el estado constituiría una barrera para el libre discurrir de la oferta y la demanda. Sin embargo, los gobiernos de corte neoliberal hacen un uso intensivo del aparato estatal para desarrollar sus contrarreformas. En América Latina, sin embargo, los gobiernos progresistas o “posneoliberales” han rescatado al estado y le han otorgado otra función, según el sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader: la prioridad de las políticas sociales en lugar del ajuste fiscal; o la primacía de la integración regional y los intercambios Sur-Sur, frente a los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Emir Sader es uno de los fundadores-impulsores del Foro Social Mundial de Porto Alegre, además de profesor retirado de las universidades de Sao Paulo y del Estado de Río de Janeiro. Entre 2006 y 2012 fue secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Entre su abundante bibliografía figuran “Lula y Dilma, 10 años de gobiernos posneoliberales en Brasil”; “El nuevo topo: los caminos de la izquierda latinoamericana”; “Porto Alegre: otro mundo es posible” o “La venganza de la historia”. Es también coordinador de la Enciclopedia Contemporánea de América Latina y el Caribe.
-El fracaso del neoliberalismo, con las políticas privatizadoras, desreguladoras y sumisas al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, inaugura en América Latina una era de gobiernos que has llamado “posneoliberales”. ¿En qué contexto se desarrolla el neoliberalismo y cómo se fragua la respuesta “posneoliberal”?
El paso del capitalismo a su era neoliberal fue el resultado de varios factores de cambio a escala mundial. Primeramente la derrota del campo socialista en la “guerra fría”, y el paso de un mundo “bipolar” a otro “unipolar” bajo hegemonía imperial estadounidense. Además, se produce el final del ciclo largo expansivo del capitalismo, que viene de la segunda guerra mundial y se prolonga hasta los años 70, y que implica el paso de un modelo regulador keynesiano a un modelo liberal de mercado. Estos factores representan un cambio en la correlación de fuerzas muy favorable al bloque occidental liderado por Estados Unidos. El neoliberalismo surge en este marco. En la idea de que el capitalismo había dejado de crecer, y entrado en un largo ciclo recesivo, porque –se decía- había una excesiva cantidad de reglamentaciones. Desregulado, el capitalismo volvería a funcionar y todos ganarían. Pero lo que realmente sucedió con la “liberalización” fue una inmensa transferencia de recursos del sector productivo al sector especulativo, además de la hegemonía de éste a escala mundial. Ocurre entonces que las fuerzas populares y anticapitalistas se sitúan a la defensiva. América Latina, en particular, fue una víctima especial porque sufrió la crisis de la deuda en el paso de los años 70 a los 80; dictaduras militares en países políticamente tan importantes como Brasil, Uruguay, Argentina o Chile; y la mayor cantidad de gobiernos neoliberales del mundo, en una modalidad muy “radical”. La reacción se produjo en la forma de elección de gobiernos que expresaban un rechazo al neoliberalismo y al fracaso de su gestión.
-Los gobiernos “posneoliberales”. ¿En qué países acceden al poder ejecutivo, cuáles son sus características y qué políticas desarrollan?
Sea por la crisis mexicana de 1994, Brasil (1998-99) o Argentina (2001-2002), sea porque no cumplió sus promesas (ni siquiera el control inflacionario) y, sobre todo, porque profundizó la desigualdad y la exclusión social, ciertamente el neoliberalismo fracasó en América Latina. La ola de gobiernos que empieza con Chávez (1999) y llega hasta Rafael Correa (2007) se plantean esencialmente la superación del modelo neoliberal. Algunos se plantean como objetivo estratégico superar el capitalismo (Venezuela, Ecuador o Bolivia), pero lo que los une es la idea de superar el neoliberalismo y sustituirlo por otro modelo al que, por no haber encontrado una palabra mejor para definirlo, he llamado de gobiernos “posneoliberales”. Se caracterizan básicamente por la prioridad de las políticas sociales en lugar del ajuste fiscal; la primacía de la integración regional y los intercambios Sur-Sur, frente a la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Por último, son gobiernos que impulsan el “rescate” del estado. Contra la centralidad del mercado, el rol activo del estado en los político, lo económico y para la garantía de los derechos sociales.
-En 2013 coordinaste un libro sobre una década de gobiernos del PT en Brasil. ¿Cuáles son los principales logros y déficit? ¿Han conseguido los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff romper con el neoliberalismo?
Los gobiernos del PT han cerrado el ciclo de gobiernos “posneoliberales” de Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso. Han terminado con los procesos de privatización, rescatado la prioridad de las políticas sociales y priorizado otros elementos de lo que denominé gobiernos “posneoliberales”. Sin embargo, por la herencia negativa que han recibido, no han realizado cambios estructurales en el país. Por ejemplo, la hegemonía del capital financiero continúa vigente, lo que es un obstáculo para mantener niveles de crecimiento altos. El peso del agronegocio en el campo es otro obstáculo al avance de políticas de autosuficiencia alimentaria y reforma agraria. En tercer lugar, el monopolio privado de los medios de comunicación es un elemento que fortalece a la oposición política. El último factor es la financiación privada de las campañas electorales, que produce congresos muy copados por los grupos de presión corporativos. En algunas de las circunstancias mencionadas, el gobierno empieza a plantear cambios, pero en otras no encontró la forma de hacerlo. Ello hace que los avances tengan límites.
-En 2014 se cumplía el 30 aniversario del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil (MST), uno de los más potentes del mundo y en el que participan 1,5 millones de personas. ¿Cuál es su relación con los gobiernos del PT, sobre todo en la cuestión de la agroindustria?
El MST es un movimiento social muy especial. Pelea por la reforma agraria pero tiene también una visión política de los asuntos. Si el MST se orientara sólo por la política agraria del gobierno, debería tener una posición más dura. Y la tiene en esa cuestión. Pero dado que se ubica también como movimiento social y político, sabe que en la polarización nacional (y no sólo en Brasil), la alternativa está en la derecha. Incluso cuando algunos sectores salen o se desplazan del gobierno, como Marina Silva en Brasil, se van a la derecha. El MST tiene, por tanto, una actuación de lucha contra la derecha y las perspectivas golpistas que lo hacen estar más cerca del gobierno de lo que debería estar, si sólo considerara la cuestión agraria, en la que los avances fueron pequeños.
-El neoliberalismo es también (o sobre todo) una escala de valores, una cosmovisión y una manera de entender el mundo. ¿Han abierto alguna brecha los gobiernos de izquierda latinoamericanos en la hegemonía neoliberal?
Éste es un elemento presente en todos los países, porque el neoliberalismo no sólo transforma las estructuras económicas y sociales, sino también los valores. Impone una cultura elitista y centrada en el consumidor, no en los derechos de la gente, lo que al final representa un factor de fuerza para los Estados Unidos. Es el llamado “modo de vida norteamericano”, que tiene en el Shopping Center (y la maquinaria publicitaria que lleva aparejada) su forma ejemplar de estilo de vida. Aun en los países en los que hubo un progreso socioeconómico importante (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina o Uruguay), no se ha logrado todavía generar ideologías alternativas. Sobre esta cuestión, el historiador británico Perry Anderson hizo una reflexión muy seria: cuando la izquierda llegó finalmente al gobierno, por el agotamiento de los gobiernos neoliberales, había perdido la batalla de las ideas. Éste es el punto en el que la izquierda encuentra más dificultades para contrarrestar la ola neoliberal.
-¿Qué función han otorgado al estado los gobiernos “posneoliberales”?
El estado fue también una víctima del neoliberalismo, al disminuir sus atribuciones y privatizar propiedades que estaban en manos públicas. Los gobiernos progresistas de América Latina han rescatado el rol del estado. Pero es un estado que, por citar un e jemplo de su modo de funcionar, no está adecuado para una relación distinta con el movimiento popular. No cuenta habitualmente con mecanismos para ello. Es un “milagro” que en Brasil se haga llegar a través de tarjetas el programa “bolsa familia” a 60 millones de personas. Ciertamente no sé cómo logra hacerse, pero es algo que no se compadece con el carácter profundamente burocrático e inerte del estado. Esto lo entendieron muy bien los países que impulsaron la refundación del estado, sobre todo Ecuador y Bolivia, más que Venezuela. El estado venezolano continúa con problemas gravísimos de diferente orden. La refundación en este caso se hizo muy al comienzo del gobierno, cuando a lo mejor no se tenía la misma claridad de perspectiva que después en Ecuador o Bolivia. En mi opinión, todos nuestros países han de refundar el estado, porque es un estado hecho para la inercia y para la reproducción de las relaciones de dominación existentes. No es un estado para transformar la sociedad. Se trata de un elemento de enorme debilidad. No basta, por tanto, con una reforma electoral o de la financiación de los partidos.
-¿Qué opinas de las luchas que en América Latina se despliegan de manera “autónoma” respecto al estado y los partidos políticos?
Creo que fracasaron en el momento de construir una hegemonía alternativa. El Foro Social Mundial fue vaciado por la presencia predominante de las ONG, que tenían una postura antiestatal, antipartidaria y antipolítica. Fue posible un frente común en la resistencia al neoliberalismo, pero llegó finalmente el momento de buscar alternativas. Consignas como las del movimiento de los “piqueteros” –“¡Que se vayan todos!”- fue suicida. Con todos sus méritos, los zapatistas también excluyen una disputa por la alternativa. Como si fuera posible, sin una disputa política nacional, transformar desde “abajo” no ya la realidad mexicana, sino siquiera la de Chiapas. Creo que perdieron el tren de la historia. Movimientos similares en Venezuela, Ecuador y Bolivia construyeron partidos, pugnaron por la hegemonía y pasaron a dirigir la sociedad. Además, las tesis fundamentales del Foro Social Mundial no podrían ponerse en práctica sin el estado. Regular la libre circulación de capitales, afirmar los derechos sociales… ¿Quién va a hacerlo? En definitiva, fueron elementos castradores que redujeron el Foro Social Mundial a la intrascendencia.
-En cuanto al adversario político de los gobiernos “posneoliberales”, ¿se trata de la derecha tradicional, o constatas un reciclado para hacerse más presentable?
Los partidos de la derecha latinoamericana o los “reconvertidos” de la derecha socialdemócrata están presos aún a sus modelos. En última instancia, sus candidatos en Brasil, Uruguay, Venezuela o Argentina defienden políticas de libre comercio. Es cierto que conceden, en lo verbal, que van a mantener las políticas sociales, pero cuando hablan de sus propuestas económicas, se trata de modelos que hacen inviables cualquier política social. En Brasil, el diagnóstico del “gurú” de Marina Silva es que el problema del país son los salarios excesivamente altos. Aunque digan que la van a mantener, por conveniencia electoral, de la banca pública no va a quedar nada. Ahora bien, los canales tradicionales, partidarios, de la derecha, no tienen viabilidad, porque heredan la imagen de gobierno fracasado. Quien triunfó en Chile, Sebastián Piñera, lo hizo con el prestigio de empresario de éxito. Luis Lacalle en Uruguay, Capriles en Venezuela, Mauricio Rodas en Ecuador, Sergio Massa en Argentina… Se trata de buscar gente que venga de “afuera” del sistema de partidos tradicionales. Por ejemplo, del mundo mediático. En Brasil se intentó hacer con Marina Silva, con la idea de superar la polarización izquierda-derecha, en términos de “nueva política” y discursos similares. Tienen que buscar figuras con esos rasgos, que superen el pasado de la derecha (no sólo el más lejano dictatorial y represivo, sino también el neoliberal). Pero cuando estos candidatos definen su modelo terminan cayendo en los principios neoliberales. Aun con caras nuevas. Éste es su elemento más frágil.
-Constituye ya un lugar común la consideración de los medios de comunicación privados como el “partido de la derecha” en América Latina. ¿Han avanzado los gobiernos “posneoliberales” en la nacionalización de medios o en promover legislaciones reguladoras?
Los medios de comunicación son un elemento de fuerza de la derecha. Aun cuando los gobiernos progresistas nacionalizan medios y se quitan de encima medios de la oposición, promueven canales públicos sin todos los elementos de atracción de la televisión privada (deportes, espectáculos, series norteamericanas…). Y, ciertamente, no vivimos en una época de profunda politización de la sociedad para que un canal informativo público de 24 horas cuente con audiencias muy altas. A pesar de que se realicen nacionalizaciones, y que cuenten con noticieros mucho mejores (como TeleSur), la competencia con los medios de comunicación privados continúa siendo muy desigual. En las elecciones presidenciales de 2010 en Brasil, la presidenta de la Asociación Nacional de la Prensa y directora del periódico Folha de Sao Paulo, afirmó que frente a la debilidad de los partidos, los medios eran el verdadero partido de la oposición. Cosa que ya sabíamos, pero en este caso ellos lo confiesan. Estos medios nunca han logrado la elección de sus candidatos a nivel nacional, pero tienen un poder significativo en debilitar la capacidad de gobierno de los ejecutivos progresistas.
-¿Por qué no cuajan opciones progresistas similares en una Europa, sobre todo la periferia, también sometida a grandes ajustes fiscales y políticas de austeridad? ¿Cuándo “torció” su camino la socialdemocracia europea?
Un momento significativo fue el paso del primer gobierno de Mitterrand a los años siguientes. Entonces se produjo un viraje importante. Posteriormente el PSOE asumió el modelo neoliberal, lo que supuso una “reconversión” grave de la socialdemocracia. Ahora bien, estas dificultades se agrandaron con la forma en que se fraguó la unificación europea y con el euro. Ésta era una “trampa” que blinda la Unión Europea de políticas alternativas. Aunque ganen las elecciones partidos progresistas, están “amarrados” al modelo. En América Latina todo estaba preparado para que el ALCA uniera a Brasil y Estados Unidos, pero Brasil vetó e invalidó esta opción. Estados Unidos pasó entonces a la política de acuerdos bilaterales. Pero, por otro lado, se abrió a partir de ese momento el camino a la integración regional, lo que no sucedió en Europa.
- ¿Cómo encajan estos ejecutivos progresistas en el mundo “multipolar” que abre fisuras en la hegemonía norteamericana? ¿Qué apoyo reciben de los BRICS y, en concreto, de países como China y Rusia?
Más allá del juicio que se tenga sobre el sistema político de China y Rusia, objetivamente desempeñan un rol importante en la lucha por un mundo “multipolar”, que quiebre la hegemonía estadounidense. En agosto de 2013, Estados Unidos pensaba que se daban todas las condiciones para bombardear a Siria, lo que sería el preámbulo de un ataque a Irán. Además de la falta de apoyo a la iniciativa de Obama, Rusia propuso negociaciones con Siria, lo que frenó la perspectiva de bombardeos y abrió espacios para las negociaciones con Irán. Hay elementos, hoy, de debilidad en la capacidad “unipolar” norteamericana (la única potencia mundial que tiene intereses en todas partes). Por otra parte, los BRICS han suscrito acuerdos y mantenido reuniones con los países del MERCOSUR, UNASUR y la CELAC. China y Rusia han firmado numerosos acuerdos bilaterales que cambian la relación de América Latina con el mundo. Hay elementos contradictorios, pero en principio son unas relaciones dinámicas.
-Medios occidentales critican en sus páginas los ataques a la oposición, a la libertad de expresión y la corrupción en algunos de los países integrados en el acrónimo BRICS. Sobre las perspectivas económicas, por ejemplo en América Latina, se habla de “recesión” y “frenazo” ¿Hay intereses de fondo detrás de estos enfoques?
Hace más de diez años que se habla de la disminución del crecimiento económico de China. Pero si China crece hoy a un 7,5%, esto es más que crecer a un 10% hace una década, porque actualmente parte de un crecimiento mucho más alto. Además, ¿Qué país tiene hoy tasas de crecimiento económico del 7,5%? En los medios se habla, sin embargo, de un “tendencia decreciente”. También se habla de una disminución de las tasas de crecimiento de los países latinoamericanos. Está claro. Pero no se trata de una “recesión”, lo que sí ocurre en la Unión Europea. Otra cuestión es la campaña de la derecha brasileña respecto a Petrobras, de la que se hacen eco los medios. Es una gran conquista que la petrolera, principal empresa brasileña, sea estatal, no privada. Eso les incomoda mucho y por ello sacan asuntos laterales para intentar descalificar. Tanto es así que generaron un clima de opinión tal que parecía que Dilma Rousseff fuera a poner al mando de Petrobras a un ejecutivo privado, con el fin de rescatarla. Si lo hiciera, sería un suicidio. Pero todos los días salían determinadas “figuras” en los medios diciendo que el nombramiento era inminente. Sin embargo, Dilma Rousseff nombró a Aldemir Bendine, expresidente de una empresa estatal, el Banco do Brasil, para rescatar la imagen de Petrobras. Y se reafirmó en el discurso de que todos los principios de Petrobras se mantienen vigentes. Ésta es una consecuencia grave del monopolio privado de los medios de comunicación.
-¿Por qué razón diarios como El País toman como referencia de “buen hacer” económico a países como Colombia o México, y también a la Alianza del Pacífico (integrada por Colombia, Chile, México y Perú), mientras se arremete con saña contra los países del ALBA o MERCOSUR?
Esto habla muy negativamente no ya del posicionamiento político, sino del periodismo que practican E l País y sus corresponsales. Hay un lobby internacional que funciona especialmente en contra de Brasil, formado por El País, The Economist, The Wall Street Journal, The New York Times o Financial Times. Lula, como gran líder mundial de la lucha contra el hambre, les incomodaba. Igual que les incomoda Brasil, un país que no se sitúa en las coordenadas neoliberales. Lo importante en Brasil es la transformación del panorama social. Hacer buen periodismo sería, por tanto, ir a ver qué cambió en el país; explicar por qué a pesar del “cerco” mediático, el PT eligió por cuarta vez al presidente de la república. Recientemente planteaban estos medios, incluso, que la situación de México es mejor que la de Brasil. Ahora ya no pueden hacerlo. Perú tiene un gobierno absolutamente desprestigiado. Bachelet acercó a Chile a MERCOSUR, y bajó el perfil del país en la Alianza Pacífico. Colombia está dentro del eje, pero mantiene intercambios económicos muy grandes con Brasil y otros países. No es la Colombia de Uribe. Lo que ocurre es que El País no sólo representa una posición política, sino los intereses de los grandes monopolios españoles en América Latina, que son afectados por los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina. Los puntos de vista del periódico, así pues, están muy viciados por los intereses de los bancos, Repsol y las corporaciones privadas españolas.
-Por último, escribiste un libro titulado “La venganza de la historia”. ¿Qué querías decir con esta expresión?
Se planteó el fin de la historia. Quien estaba ganando el partido, quería que se terminara en ese momento, pero la historia no se ha adecuado a ese planteamiento. Hay contradicciones objetivas que no fueron resueltas con el fin del campo socialista. Al contrario, Estados Unidos pudo imponer la “Pax Americana” en el mundo, pero el número de conflictos ha aumentado. Y además, muchos están fuera de control. Estados Unidos no ha podido siquiera resolver los conflictos de Iraq y Afganistán a la vez. Por tanto, se multiplican los espacios de enfrentamiento, ya que la victoria económica de Occidente no representó el progreso, sino el neoliberalismo, la crisis y la especulación financiera. Hay una dinámica histórica que no se puede frenar con voluntad o mediante decretos. En la década de los 90 nos parecía que América Latina no rompería con el marco establecido (endeudamiento con el FMI, derrota y desmoralización de la izquierda, represión, una maquinaria brutal del modelo de vida norteamericano…), pero contra lo que pudiera esperarse, Estados Unidos nunca ha estado tan aislado en la región como ahora. La historia demostró que las contradicciones siguen vivas. En el fondo, el mejor propagandista del socialismo es el propio capitalismo.
domingo, 19 de abril de 2015
“La región desperdició condiciones que se dan una vez por generación” Entrevista a José Gabriel Palma
El reconocido economista chileno José Gabriel Palma, senior lecturer de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge del Reino Unido y docente de la Universidad de Santiago y la Universidad de Valparaíso, dialogó con El Economista sobre la coyuntura latinoamericana y la falta de transformación productiva en el contexto global más benévolo de las últimas décadas.
Hace dos años me comentaba que, desde el punto de vista económico, “había un triunfalismo injustificado en la región”. ¿Hoy se está viendo que ese sentimiento triunfalista no tenía bases sólidas?
Desgraciadamente así fue. Si uno mira a Latinoamérica en el ciclo que comenzó con la política expansiva de la Fed después del 9/11, hay poco o nada que mostrar más allá de una expansión primarioexportadora y de servicios de baja tecnología. Como se sabe, este ciclo se caracterizó por una combinación de factores externos muy positiva: altos precios de las commodities y fácil acceso al financiamiento externo. Junto a ello, el crecimiento de China aportaba el componente fundamental de demanda efectiva. De haberse aprovechado bien estas condiciones externas, la región podría haber sustentado un proceso de transformación económica basado en un fuerte impulso a la inversión, mayor diversificación productiva y gran absorción tecnológica. En cambio, ahora que este ciclo se evapora, queda en evidencia lo mal que se aprovechó esta oportunidad que, con surte, ocurre una vez por generación. El crecimiento promedio de América Latina entre el 2002 y el 2014 fue apenas de 3,5%, y cinco sextos de eso tenían su origen en la expansión del consumo. La inversión promedio de America Latina durante este período no llegó siquiera al 20% del PIB. Qué manera de desperdiciar una situación tan favorable, y quizás única por muchos años.
¿Qué faltó?
Primero faltó aquello que sobra en Asia: ambición. Después, faltó una ideología que sustente dicha ambición, pues como nos decía Gramsci este tipo de batallas se ganan o pierden en dicha dimensión. En América Latina la autocomplacencia neoliberal contagió a más sectores políticos de lo que uno se imaginaría. Miren a Brasil y Chile. Si uno observa a Latinoamérica desde las reformas de los ’90 nota un boom primario-exportador, un desarrollo de servicios (retail, finanzas, turismo, etcétera) y una gran desindustrialización. Nunca se hizo un esfuerzo de verdad por diversificar el aparato productivo, industrializar las exportaciones o dar un nuevo estímulo a las manufacturas. No hubo tendencias endógenas para diversificarse y, por lo tanto, la inversión, tanto privada como pública, fue muy baja. Esta última década dio la gran oportunidad para hacer algo diferente, pero se desperdició. Es nuestra gran década perdida. Chile, mi país, pudo haber industrializado el cobre, la madera y los salmones, al estilo nórdico, pero poco se hizo en dicha dirección. No hubo política comercial ni industrial, ni una macro keynesiana procrecimiento. El Estado neoliberal tiene menos imaginación que la selección chilena de fútbol antes de Bielsa. Las corporaciones extranjeras, mientras tanto, sextuplicaron la repatriación de sus utilidades y dividendos, en su mayor parte proveniente de actividades mineras –de US$ 30 mil millones en la década pre-2002 a US$ 180 mil millones en la posterior (equivalente a un cuarto de las exportaciones de esa década; ambas cifras en dólares actuales)–. Esto es, año a año sacaban de Chile más que el PIB de Bolivia. Y todo eso por molestarse en producir cobre concentrado (con un contenido de metal de tan sólo un 30%, resultado de una flotación rudimentaria del mineral bruto pulverizado), la astilla de madera y el salmón de tres kilos. De hecho, las grandes mineras privadas se apropiaron en al menos siete de esos diez años de excedentes del mismo orden de magnitud que el total de sus inversiones precedentes, recuperando el total de sus inversiones siete veces en este período –sin considerar los excedentes anteriores y posteriores–. ¡Qué generosidad la de los chilenos! Para enviarlo al Guinness Book of Records. El teatro del absurdo llevado a la realidad. Este seudo-modernismo neoliberal nos recuerda Adorno, el filósofo alemán: “Hoy en día, el recurso a la modernidad, no importa de qué tipo, con tal que sea suficientemente arcaico, se ha convertido en universal”. Mientras tanto, lo poco que quedaba en Chile, casi todo gracias a la muy estatal Codelco, se consumía. Sólo en los cuatro años del último Gobierno el consumo subió del 71% del PIB al 76%. De hecho, la expansión del consumo fue tal que las importaciones crecieron cuatro veces más rápido que las exportaciones. Buen ejemplo de economía populista en piloto automático, en la que las fallas de mercado, y todos los privilegios, se reproducían bajo el motto: “Teme al 1%, honra al mercado”. Ahora, que se acaba el ciclo, uno mira para atrás y casi lo único que ve son multinacionales contentas, traders, rentistas y especuladores felices, y hogares endeudados. Según el último informe de Forbes, en la última década en términos relativos no hubo ninguna región en el mundo donde se crearan tantos nuevos millonarios, centa-millonarios y billonarios como en América Latina. Brasil, Chile, Argentina y la Venezuela bolivariana donde más. En Brasil, con su economía estancada, el Partido de los Trabajadores creaba en 2013 un millonario en dólares de este tipo (esto es, con más de US$ 30 millones, excluyendo su residencia principal) cada 27 minutos. Si bien esa década fue una oportunidad perdida para la diversificación productiva, la cual brilla por su ausencia, no lo fue para el bolsillo de tantos. Realmente hay que sacarles el sombrero a nuestros neo-liberales criollos: su ideología se ha transformado en la tecnología de poder más sofisticada de la historia. En Chile el 1% más rico se puede llevar hoy día más del 30% del ingreso en una democracia de “centroizquierda”.
¿Por qué está tan seguro de que esta oportunidad no volverá a aparecer?
Si algo nos enseña la historia económica es que este tipo de bonanzas sólo ocurren, con suerte, una vez por generación, y son siempre transitorias – y siempre durante ellos prima la manía de pensar lo contrario–. Y si uno mira la economía internacional, no hay nada que indique lo contrario. Mucho desastre y mercados financieros tan líquidos y autodestructivos como antes del 2007.
¿China no podría proveer capitales?
Si bien China tiene su agenda propia, competitiva con la de Estados Unidos y los organismos internacionales de Washington, y una gran necesidad de asegurarse un acceso fácil a commodities, también tiene sus propias fragilidades financieras y necesidad de reorientar su crecimiento hacia adentro. Buena parte de sus finanzas deberá usarse para enfrentar ambos desafíos. Lo primero tiene su origen en que su stock de crédito saltó de US$ 9 billones al estallar la crisis del 2007, a US$23 billones en 2012, monto equivalentes al 220% del PIB. En otras palabras, China replicó todo el stock de crédito del sistema financiero norteamericano en tan sólo cinco años. Lo más problemático fue lo que ocurrió en el sistema bancario “informal”, un sector que opera prácticamente sin regulación; éste acumuló casi US$ 6 billones de activos. Y para hacer eso copió las peores prácticas estadounidense, aquellas que llevaron a la crisis de las “hipotecas basura”. Lo segundo, se debe a que las perspectivas externas para China son negativas: Estados Unidos se desacelera, la Europa mediterránea da susto, la continental estancada, y Japón se da vuelta en lo mismo. Mientras tanto, el nivel de deuda mundial continúa creciendo a pesar de que la filosofía económica seguida desde la crisis fue dar tiempo para el deleveraging. En lugar de eso, la deuda mundial creció en US$57 billones desde el 2008, llevándola al 286% del PIB mundial. ¿Alguien realmente cree que eso es pagable sólo porque proliferan los fondos buitres y los jueces Griesa?
Por tanto, tampoco descarta una crisis financiera en China.
Si China tuviera un sistema financiero como el del resto del mundo, ya estaría en crisis. Eso no lo duda nadie. El buen dato es que los chinos no tiran la toalla tan fácilmente como otros. Pero en economía también existe la ley de gravedad, por lo que la probabilidad de un hardlanding no es baja.
¿Cómo está viendo la economía argentina?
Si bien tiene su especificidad muy concreta, al igual que el resto de América Latina el panorama es muy poco alentador. En 2014 la región apenas creció 1,1%, con Argentina y Brasil estancados y Venezuela en caída libre; Chile apenas creció 1,8%. En ese sentido, lo que pasa en la Argentina es reflejo de un problema regional (con muy pocas excepciones). Quien se haga cargo del Gobierno en diciembre recibirá una herencia económica muy complicada. Una economía estancada, pocas reservas, un diferencial de bonos soberanos (EMBI+) mayor a 700 puntos básicos (cuatro a cinco veces el chileno, peruano, colombiano o uruguayo), primas por canje de riesgo soberano de incumplimiento de crédito a cinco años mayor a 2,700 puntos básicos, una transferencia neta de recursos al exterior alta, una inversión privada muy baja, una inversión extranjera directa que desaparece, una inflación reprimida, un balance fiscal ya tan negativo como el brasilero y el problema con los fondos buitres, que es político, difícil de resolver. No sé por dónde se va a tomar el hilo para desenredar la madeja. Y es difícil que los precios de los commodities ayuden, y menos el resto de la región o la economía mundial. El gran desafío que le queda a este gobierno es que la situación deje de agravarse.
A favor, el país tiene un bajo nivel de deuda externa en moneda extranjera y un más que interesante stock de dólares, que actualmente no están en el circuito económico, que podrían reingresar y financiar la transición.
Sin duda, pero la deuda externa bruta, US$ 150 mil millones, no deja de ser importante; pues si bien es sólo la mitad de la de Brasil o México, y similar a la chilena, es el doble que sus exportaciones de bienes. Y los capitales de argentinos en el exterior, que son de un gran volumen, no será fácil tentarlos de vuelta, menos si los mercados financieros internacionales siguen dando rendimientos altísimos creando burbuja tras burbuja (la última basada en grande fusiones de empresas, pagando precios ridículos). Estos mercados están tan desvinculados al desastre de la economía real que recuerdan a Nerón tocando la cítara mientras Roma ardía.
viernes, 10 de abril de 2015
50 Principales Exportadores mundiales – 2013
|
RK
|
País
|
Valor Absoluto (en
billones de US$)
|
Valor relativo (%)
|
Valor relativo Acumulado
|
|
1
|
China
|
2.209
|
11.7
|
11.7
|
|
2
|
EEUU
|
1.580
|
8.4
|
20.1
|
|
3
|
Alemania
|
1.443
|
7.7
|
27.8
|
|
4
|
Japón
|
715
|
3.8
|
31.6
|
|
5
|
Países Bajos
|
672
|
3.6
|
35.2
|
|
6
|
Francia
|
580
|
3.1
|
38.3
|
|
7
|
Corea
|
560
|
3.0
|
41.3
|
|
8
|
Reino Unido
|
542
|
3.0
|
44.3
|
|
9
|
Hong Kong
|
536
|
2.9
|
47.2
|
|
10
|
Rusia
|
523
|
2.8
|
50.0
|
|
11
|
Italia
|
518
|
2.8
|
52.8
|
|
12
|
Bélgica
|
469
|
2.5
|
55.3
|
|
13
|
Canadá
|
458
|
2.4
|
57.7
|
|
14
|
Singapur
|
410
|
2.2
|
59.9
|
|
15
|
México
|
380
|
2.0
|
61.9
|
|
16
|
Emiratos Árabes Unidos
|
379
|
2.0
|
63.9
|
|
17
|
Arabia Saudita
|
376
|
2.0
|
65.9
|
|
18
|
España
|
317
|
1.7
|
67.6
|
|
19
|
India
|
313
|
1.7
|
69.3
|
|
20
|
Taiwán
|
305
|
1.6
|
70.9
|
|
21
|
Australia
|
253
|
1.3
|
72.2
|
|
22
|
Brasil
|
242
|
1.3
|
73.5
|
|
23
|
Suiza
|
229
|
1.2
|
74.7
|
|
24
|
Tailandia
|
229
|
1.2
|
75.9
|
|
25
|
Malasia
|
228
|
1.2
|
77.1
|
|
26
|
Polonia
|
202
|
1.1
|
78.2
|
|
27
|
Indonesia
|
183
|
1.0
|
79.2
|
|
28
|
Austria
|
175
|
0.9
|
80.1
|
|
29
|
Suecia
|
168
|
0.9
|
81.0
|
|
30
|
República Checa
|
162
|
0.9
|
81.9
|
|
31
|
Noruega
|
157
|
0.8
|
82.7
|
|
32
|
Turquía
|
152
|
0.8
|
83.5
|
|
33
|
Qatar
|
137
|
0.7
|
84.2
|
|
34
|
Vietnam
|
132
|
0.7
|
84.9
|
|
35
|
Kuwait
|
115
|
0.6
|
85.5
|
|
36
|
Irlanda
|
114
|
0.6
|
86.1
|
|
37
|
Dinamarca
|
110
|
0.6
|
86.7
|
|
38
|
Hungría
|
108
|
0.6
|
87.3
|
|
39
|
Nigeria
|
103
|
0.5
|
87.8
|
|
40
|
Sudáfrica
|
96
|
0.5
|
88.3
|
|
41
|
Irak
|
90
|
0.5
|
88.8
|
|
42
|
Venezuela
|
89
|
0.5
|
89.3
|
|
43
|
República Eslovaca
|
86
|
0.5
|
89.8
|
|
44
|
Kazajstán
|
83
|
0.4
|
90.2
|
|
45
|
Irán
|
82
|
0.4
|
90.6
|
|
46
|
Argentina
|
82
|
0.4
|
91.0
|
|
47
|
Chile
|
77
|
0.4
|
91.4
|
|
48
|
Finlandia
|
74
|
0.4
|
91.8
|
|
49
|
Angola
|
69
|
0.4
|
92.2
|
|
50
|
Israel
|
67
|
0.4
|
92.6
|
|
|
Total 50 Países
|
17.383
|
92.6
|
92.6
|
|
|
Total Mundial
|
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100.0
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100.0
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