lunes, 3 de septiembre de 2012

Da euforia à depressão capitalista - Emir Sader



24/8/12
A euforia capitalista dos anos 1990 levou à teoria da “new economics”. O capitalismo, marcado por suas crises cíclicas, deixaria de sofrê-las, para passar a uma fase sem crises.

Os novos desenvolvimentos tecnológicos impulsionariam um ciclo contínuo de desenvolvimento econômico, com a computação tendo o duplo papel de puxar uma demanda que se igualaria a do automóvel no século passado – incluindo um modelo novo anual -, ao mesmo tempo que permitiria prever antecipadamente os gargalos que permitiriam prever e solucionar preventivamente as crises.

A própria possibilidade de quaisquer garotos abrirem uma empresa na garagem de casa e a transformarem em uma empresa de sucesso mundial, quase sem capital inicial, seria a demonstração da pujança econômica do capitalismo e do caráter de “sociedades abertas” das sociedades capitalistas.

Essa festança acabou logo, com a crise de 2000, que desmentiu as teses e fez com que os teóricos da “new economics” partissem para outra moda, também de curta duração. As crises voltaram, com ela as recessões, até que se desembocou na prolongada e profunda crise atual, iniciada em 2007.

Tal como a bomba de tempo da febre de internet, desta vez a bolha de consumo girou em torno do setor imobiliário. Para tentar suprir, pelo menos temporariamente, o desequilíbrio entre produção e consumo, o sistema bancário foi ampliando os créditos, sabendo que nao correspondiam a capacidade real de pagamento por parte dos que os contratavam. Até que a pirâmide explodiu, todo o sistema imobiliário, ruiu, com milhões de pessoas sem conseguir pagar suas hipotecas, devolvendo os imóveis aos bancos, perdendo tudo, mas preferindo isso a continuar aumentando suas dividas.

As ruas da Califórnia se encheram de famílias morando nos seus carros, os bancos ficaram abarrotados de imóveis devolvidos, o sistema bancário chegou à beira do colapso, a recessão, através deste se propagou para o conjunto da economia. Os governos correram a salvar os bancos, com a ilusão de que os bancos salvariam os países. Os bancos se salvaram e no segundo ciclo da crise, a partir de 2011, os que quebraram foram os países.

A crise segue, sem horizonte de término, levando praticamente toda a economia europeia à recessão, enquanto países como os EUA e o Japäo permanecem entre crescimento zero e recessão.

Mas quando o capitalismo escancara suas contradições, seus limites, seu esgotamento, não surge no mundo ainda um modelo que o supere. A América Latina é a região que expressamente resiste – na maioria dos seus países – à hegemonia neoliberal, com Estados ativos que induzem o crescimento econômico e seguem ampliando suas políticas sociais, baseados em alianças regionais e com o Sul do mundo. Mas não tem o continente força própria para desenvolver um modelo alternativo ao neoliberalismo em escala mundial. Resiste, o que faz da América Latina a região de resistência ao polo neoliberal que ainda domina o centro do sistema.

Vivemos por isso um tempo de turbulências, mais ou menos prolongadas, até que um modelo e forças alternativas – que certamente terão a América Latina como um de seus protagonistas essenciais – possam conseguir construir uma alternativa ao capitalismo decadente.

Latinoamérica, más dependiente de las materias primas - Alejandro Rebossio


  18 de agosto de 2012
El Páis
Madrid, España

Latinoamérica no debe relajarse y pensar que la bonanza de las materias primas durará para siempreLa región descansa demasiado en el comercio de estos productos básicos. En eso coincidieron los panelistas que este viernes participaron de un debate sobre integración productiva y coordinación macroeconómica en la última jornada del congreso anual de la heterodoxa Asociación de Economía para el Desarrollo de Argentina (AEDA).
En una investigación que vincula la calidad de la inserción de los países latinoamericanos en el comercio mundial con el crecimiento de su renta, una investigadora de la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil), Eva da Silva Catela, advirtió de que los procesos de apertura económica de la década del 90 en Latinoamérica no provocaron una especialización productiva en sectores intensivos en mano de obra o tecnología sino una profundización en los intensivos en capital y recursos naturales. Entre 1990 y 2009, el periodo analizado por Da Silva Catela, no se registra una tendencia “clara” de crecimiento de la participación latinoamericana en el comercio global. Las únicas excepciones son México y Brasil, pero forma “intermitente”, según la profesora de la Universidad de Santa Catarina. En el caso mexicano, el incremento responde a que se importan más insumos para ensamblarlos y después reexportarlos, el esquema de maquila, que no añade valor local, según Da Silva Catela. En el caso brasileño, el alza obedece a una caída de la participación de las exportaciones industriales y una subida de las de materias primas.
En la investigación, los países latinoamericanos se mantienen durante todo el periodo como países de renta media, con crecimiento volátil y fuertes desigualdades. Da Silva Catela alerta de que en 2007 la participación de las exportaciones de bienes primarios y manufacturados sobre la base de recursos naturales sobre el total de las ventas externas alcanzaba el 95,4% en Venezuela, el 92,5% en Ecuador, el 90% en Chile y más del 80% en Bolivia, Paraguay y Perú. En Argentina, Colombia y Uruguay la proporción superaba el 60% y en Brasil llegaba al 54%, “una participación muy elevada cuando se la compara con economías desarrolladas”, según la profesa de Santa Catarina.
En la misma mesa redonda, las economistas Mariela Bembi, de AEDA, y Andrea Molinari, del Instituto Interdisciplinario de Economia Política de Buenos Aires, presentaron un trabajo sobre la medición de la integración productiva. Molinari comentó que “hay potencial para una mayor” complementación entre las industrias de los países de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela), aunque de momento es “baja, pero creciente”.
Las investigadoras citan otro documento de sus colegas Fernando Porta y Jésica de Angelis, ambos del argentino Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior, que advierten sobre el escaso comercial intraindustrial (dentro de la cadena de valor de una misma rama fabril) en Mercosur. Solo se destaca este intercambio entre Argentina y Brasil, pero sobre todo en la industria del motor. Bembi y Molinari también mencionan una investigación de Rômulo Cunha Corrêa, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, que señala una caída de la participación de Brasil en las cadenas globales de valor entre 2000 y 2005 por una reprimarización de sus exportaciones. Molinari atribuyó la falta de integración industrial, viejo anhelo de Mercosur, a la “falta de entramado productivo de los países” y a “problemas para la asociatividad de empresas y para el fondeo de las pymes”.
“Si hay precios altos de las materias primas, ¿para qué vamos a hablar de integración productiva, de integrar sectores de alta tecnología?”, ironizó el otro expositor del panel, Ricardo Rozemberg,que junto a su colega Guillermo Rozenwurcel, ambos profesores de las universidades de Buenos Aires y de San Martín (Argentina), se refirieron a las oportunidades para una coordinación macroeconómica regional. Rozemberg opinó que cuando no hay crisis, los países no tienen interés por coordinar políticas y cuando ocurren, resulta difícil hacerlo. El economista abogó entonces por la creación de un fondo de reservas de los países de Mercosur para auxiliar a los que estuvieran en problemas. Una de las alternativas consiste en ampliar el ya existente aunque pequeño Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), que nació en 1978 y está integrado por Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela. El año pasado la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur, que está integrada por los 12 países de la región) celebró varias reuniones para discutir la incierta situación económica mundial y en ese ámbito se analizó la opción de agrandar el FLAR, pero los encuentros no se volvieron a repetir en los primeros ocho meses de 2012.
En los últimos años, los países latinoamericanos han ido acumulando sus propias reservas, pero esta política que confiere seguridad y fortaleza en tiempos de crisis también tiene sus costes, según Rozemberg. “Se podría estar haciendo otra cosas más rentables con esas reservas que solo acumularlas”, opina el investigador, que además considera que los países grandes tienen menos incentivos de sumarse a iniciativas como el FLAR. La moderadora del panel, Eugenia Aruguete, asesora del Ministerio de Economía argentino, reconoció que una de las dificultades para la ampliación del FLAR radica precisamente en las “fuertes asimetrías” entre los vecinos de la región.
“Mercosur ha tenido dificultades para concertar intereses, a pesar de que sus gobernantes están más cercanos políticamente”, se refiere Rozemberg a los gobiernos de izquierda y centroizquierda de Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela y el que tenía Paraguay hasta que el Congreso de ese país destituyó en juicio veloz al presidente Fernando Lugo. “No se verificaron acuerdos más complejos porque cada país tuvo muy en cuenta su economía nacional. Por ejemplo, la revalorización de los recursos naturales y la mejora de los términos del intercambio (la relación entre los precios de las exportaciones y las importaciones) llevó que a Brasil creciera en forma moderada, apreciando su moneda y con inflación baja, mientras que Argentina creció mucho, apreciando algo su moneda y con inflación más alta. Brasil no ha tenido una política de captar la renta que produjo el alza de las materias primas. Argentina sí captura esas rentas extraordinarias para reorientarlas. Hay riesgo de enfermedad holandesa (desindustrialización) en Brasil, mientras que en Argentina no se ve tanto”, ejemplifica Rozemberg la descoordinación. Aruguete opinó que los procesos económicos de los últimos años favorecieron o no impidieron las asimetrías entre los socios de Mercosur, al tiempo que Brasil ha consolidado su superávit comercial con todos los otros miembros del bloque.
En el congreso de AEDA también desfilaron altos funcionarios y economistas heterodoxos que se refirieron a la situación económica de Argentina. Les recomiendo los siguientes artículos al respecto:
-El ministro de Economía de Argentina, Hernán Lorenzino, no descarta la emisión de deudahttp://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-201180-2012-08-16.html
-El gerente general del Banco Central de Argentina, Matías Kulfas, opina que los bancos ganarán dinero cuando cumplan la nueva obligación de prestar para la inversión http://noticias.terra.com.ar/bancos-tienen-margen-de-ganancia-con-creditos-a-la-produccion,290080df1ac29310VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html
-El embajador argentino en Francia, Aldo Ferrer, enumera una serie de problemas económicos de su país: la inflación, el equilibrio fiscal y de las cuentas internacionales, la apreciación cambiaria, la "eventual" pérdida de competitividad y la fuga de capitales http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-201264-2012-08-17.html

México como geografía. Del empresariado al empresariaje - Rolando Cordera Campos



  La Jornada
México, 12/8/12
Va de nuevo: curiosa democracia esta que lo obliga a uno a reiterar una y otra vez que los inconformes de uno y otro lado del río litigioso en que ha desembocado la sucesión presidencial tienen el derecho a reclamar y a cuestionar personas e instituciones, siempre y cuando esos reclamos tengan lugar dentro de los marcos y cauces establecidos por la ley. Y ese es el caso de los dirigentes de la coalición progresista y su candidato presidencial: no ha habido en su ya larga intervención ante los órganos electorales respectivos, ni en su recorrido por plazas y calles de la República, el menor asomo de transgresión a las leyes o de abierta incitación a hacerlo. La reiteración puede aburrir al más obsesivo de la clase electoral mexicana, pero no sobra si se considera el rumbo que ha querido dársele a la cuestión poselectoral por parte del PRI y, ahora, de los organismos cúpula del empresariado.
Dicho esto, agreguemos que a los empresarios les asiste todo el derecho a manifestarse en favor o en contra de uno u otro partido o personaje pero, a la vez, que su ejercicio no les da la razón, ni jurídica ni política, ni le otorga pertinencia a sus manifiestos. En la actual coyuntura, las insinuaciones y acusaciones más o menos veladas de los organismos patronales contra las cabezas de la coalición progresista, que se aunaron al desdichado manifiesto de Soriana, no allanan el trayecto final del proceso electoral y más bien lo vuelven aún más lodoso.
Por décadas, los empresarios mexicanos han buscado no sólo un lugar protagónico en la escena política nacional, sino convertirse en factótum de la elaboración y puesta en práctica de la política económica y social y hasta de la política-política a secas, así como del quehacer judicial del Estado. Se trata de una proclividad a la expansión que suele ser presentada como defensiva frente a un Estado siempre listo para intervenir y cercenar libertades y derechos sacrosantos, como el de la propiedad privada o la libertad de empresa.
Una y otra vez, las cúpulas del dinero han buscado ser reconocidas también como elites del poder, sin que en tal pretensión medie procedimiento constitucional alguno. De aquí el apelativo bien ganado de poderes de hecho o fácticos, como se les llama en España, donde, por cierto, los orgullosos demócratas han tenido que rendirse a la evidencia de que esa facticidad puede, sin pedir permiso a nadie, volverse forma de gobierno, como ocurre hoy bajo la infausta conducción del Partido Popular y el inefable señor Rajoy.
En los años 30 del siglo pasado, el presidente Cárdenas pintó su raya y la del Estado posrevolucionario con sus célebres 14 puntos ante los aguerridos patrones de Monterrey, y buscó dar cauce permanente a esa y otras confrontaciones con los propietarios y hombres de empresa a través del sistema de cámaras de industria y comercio, definidas como órganos de consulta del Ejecutivo, además de representación gremial y fuente de información para el Estado y la sociedad. Junto con la organización de las masas trabajadoras que habrían de ser la base del Partido de la Revolución Mexicana, este formato para el empresariado daría vida y sentido a la ”democracia funcional” que, según el estudioso estadunidense Frank Brandenburg, Cárdenas quería construir.
Más adelante, al calor de las convulsiones continentales propiciadas por la Revolución cubana, así como de las jornadas proletarias de protesta y de la represión con que se les enfrentó desde el gobierno, los empresarios volvieron a la carga. Asustados por la posición mexicana en el caso cubano y las declaraciones de izquierdismo desde el propio gobierno, pusieron en cuestión la estrategia de reconciliación social emprendida por el presidente López Mateos, que era parte de la instrumentada para sortear el difícil reacomodo regional exigido por Estados Unidos para encarar la llegada de la guerra fría a las playas de América.
Los empresarios exigieron grandes y precisas definiciones del gobierno y fintaron con llegar a una huelga de inversiones, precisamente cuando para la coalición gobernante parecía vital trazar un nuevo rumbo para el desarrollo nacional, que saliera al paso de las heridas y contradicciones mayores, de las cuales fue heraldo magnífico la insurgencia sindical de entonces. La respuesta la dieron los secretarios Ortiz Mena y Salinas Lozano, en una espléndida exposición de motivos de lo que debería ser la economía mixta mexicana en la nueva época.
El empresariado se acomodó a la estrategia y surgió el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, donde los cúpulos de todas las cúpulas buscarían procesar sus destinos manifiestos y modular sus inevitables fricciones con un Estado que aparte de promover y conducir el desarrollo, buscaba nuevas fórmulas de conversación entre la acumulación de capital y la distribución social, después de reconocer que la inflación y el desenfado alemanista habían dañado seriamente la unidad nacional y de clases que había sostenido el desenvolvimiento anterior. Así vino el desarrollo estabilizador y la década delmilagro mexicano, que en vez de una Alianza para el Progreso devino alianza para las ganancias, según la feliz expresión de Roger Hansen.
Los años 70 trajeron consigo nuevas perturbaciones y el Estado quiso absorberlas en una estrategia renovada para el desarrollo compartido. Incapaz de asumir que la sociedad generaba nuevos reclamos políticos y de admitir que la represión criminal de octubre de 68 constituía ya un parteaguas de la política, el gobierno intentó tímidas aperturas democráticas, junto con un tanto audaces cuanto atropelladas acciones de cambio estructural con intenciones redistributivas, siempre constreñidas a la conducción vertical y al formato corporativo que años antes se había remozado gracias al éxito económico.
Los empresarios encontraron en dicha estrategia una nueva amenaza histórica, porque implicaba reforzar la economía mixta y exigía una reforma fiscal profunda, cuya posposición en la década anterior había sido el precio de la reconciliación con el Estado. Surge así el Consejo Coordinador Empresarial y los designios del empresariado se vuelven pretensión estratégica.
El auge petrolero propició un veranito y la Alianza para la Producción fue entendida como una nueva oportunidad para las ganancias, que había que obtener pronto y, al menos en parte, poner a buen resguardo afuera. La inflación hizo su parte y la política americana de estabilización la suya y, vertiginosamente, el país entró en una crisis financiera que se volvió económica y permitió que desde las cúpulas se empezaran a cantar los responsos del Estado posrevolucionario y sus formatos y alianzas corporativos.
La hora de la libertad había sonado y los gobernantes de la nueva generación no la veían con malos ojos. Entró a saco el cambio estructural globalizador y el empresariado empezó su tránsito al empresariaje: en vez de inversión y empleo, negocios y ganancia rápida.
Para terminar como empezamos: desde luego que tienen derecho a hablar y exigir buenas conductas… lo que les falta es razón y autoridad para hacerlo.

México exporta (capitales) - Carlos Fernández-Vega




La Jornada
México, 27/8/12
Quejábase amargamente un autóctono directivo bancario por la multimillonaria ordeña ” que practica la banca trasnacional que opera en México bajo la sonrisa complaciente de la autoridad. Miles de millones de dólares obtenidos aquí y exprimidos a los consumidores de aquí, terminan depositados allá, en las respectivas casas matrices de esas mismas instituciones financieras, y son utilizados para realizar más “ negocios ” . Esa ha sido la historia, año tras año, desde que el gobierno zedillista autorizó la “ capitalización temporal ” de las otrora sociedades nacionales de crédito.
Algo similar sucede con la denominada inversión extranjera directa: el gobierno federal presume multimillonaria “ llegada ” de capital foráneo, cuando en realidad el grueso del dinero “ arriesgado ” es producto de las mismísimas ganancias obtenidas en el país, es decir, las trasnacionales que operan en México reinvierten parte de las utilidades obtenidas en México, de tal suerte que el“ capital fresco ” que “ llega de afuera ” no resulta mayor a 30 centavos de cada dólar registrado como IED. La presunción gubernamental, pues, va de la mano de la tesis del tío Lolo (léase hacerse pendejo solo).
Y como los citados existen muchísimos ejemplos más para documentar que México se mantiene como el cuerno de la abundancia, aunque ni lejanamente en beneficio de los mexicanos. Pero los relatos tanto de la “ ordeña ” de la banca trasnacional como de las cuentas alegres en torno a la inversión extranjera directa se quedan casi, casi, en anécdota, si se les compara con el modus operandi de los grandes capitales mexicanos –cuando menos así les llaman–, los cuales de la “ ordeña ” de la economía nacional y la “ exportación ” de ganancias han hecho no sólo su práctica cotidiana sino su negocio del siglo, tanto que les falta un tris para alcanzar el nivel de las tan cacareadas cuan glorificadas reservas internacionales del país (160 mil millones de dólares), que se mantienen intocadas y en vitrina.
Resulta que en los últimos cinco años y medio (diciembre de 2006 a junio de 2012) “empresarios y particulares mexicanos han transferido al exterior 145 mil 10 millones de dólares (…), recursos que superan con creces los remitidos al extranjero en la primera administración del Partido Acción Nacional (de 2000 a 2006), y han sido depositados en bancos o empleados para realizar inversiones productivas fuera del país… La cantidad de recursos que salieron del país por estos conductos entre diciembre de 2006 y junio de este año es, en términos comparativos, más del doble del saldo actual de la deuda externa del gobierno federal… Constante a lo largo de estos últimos años, la transferencia de recursos hecha por mexicanos para engrosar cuentas bancarias o adquirir bienes productivos en el extranjero se disparó en la actual administración”, de acuerdo con información del Banco de México (La Jornada, Roberto González Amador).
Ciento cuarenta y cinco mil millones de dólares en cinco años y medio –todos ellos obtenidos en México, para inmediatamente después depositarlos y/o invertirlos fuera de él– es un saqueo superior al del Fobaproa, y ambos son pagados por los mexicanos, aunque gozados por el intocado grupúsculo de amigos del régimen (más bien el régimen es de ellos). Lo anterior se traduce en que, en promedio, a lo largo del calderonato del país salieron (se “ exportaron ” , de acuerdo a la terminología oficial) poco más de 3 millones de dólares cada hora, en medio de discursos sobre la “ gran confianza ” y el “ sólido compromiso ” que el capital mexicano tiene en las autoridades. Y faltan por reportar cinco meses de administración calderonista, en pleno año de Hidalgo.
Tales “ envíos ” (equivalentes a 90 por ciento del saldo de las reservas internacionales) “equivalen a 60 por ciento de todo el crédito otorgado por la banca comercial que opera en México al sector empresarial del país. Es una suma que equivale, comparativamente, a 11 años del presupuesto anual del Programa de Desarrollo Humano Oportunidades, la principal acción gubernamental de combate a la pobreza, que en 2012 tiene asignado un gasto de 63 mil 873.3 millones de pesos… En los 11 años y medio que el Partido Acción Nacional ha ocupado la Presidencia de la República, las transferencias realizadas por mexicanos al exterior, tanto a cuentas bancarias, como para la realización de inversiones y el rubro “ otros ” alcanzó 182 mil 589.3 millones de dólares, prácticamente el triple del saldo actual de la deuda externa del gobierno federal, que es de 64 mil 69 millones de dólares, de acuerdo con los datos actualizados del banco central” (ídem).
Aquel directivo bancario que no hace mucho se quejaba amargamente por la descarada cuan voluminosa “ ordeña ” de la banca trasnacional que opera en el país denunció un saqueo superior a 20 mil millones de dólares en casi 12 años de gobiernos panistas, cantidad –si bien apantallante– nueve veces menor a la “ exportada ” en el mismo periodo por el nacionalista cuan comprometido grupúsculo de empresarios mexicanos adscritos al régimen. Y todavía algunos dudan sobre la mexicanísima existencia del cuerno de la abundancia.
La lectura oficial no admite, ni lejanamente, el uso de términos como “ ordeña ” , “ saqueo ” , “ fuga de capitales ” o robo en despoblado. De ninguna manera. Se trata, simple y sencillamente, de “ libertad de empresa ” , según dice el subsecretario de Hacienda, Gerardo Rodríguez Regordosa, para quien “el disparo de 266 por ciento en las transferencias de capitales de particulares y empresas de México hacia el extranjero en cinco años y medio del gobierno de Felipe Calderón, en comparación con igual periodo de Vicente Fox no es ‘un foco de preocupación’; la salida y entrada de capitales son decisiones de los actores económicos y la balanza externa del país ‘hoy es más sana que nunca, no vemos ningún tipo de desequilibrios”’. Catalogó “ de natural y propio de la evolución de los negocios que mexicanos inviertan en el extranjero, porque forma parte de la globalización ” (La Jornada, Susana González).
México, pues, extremadamente rico, pero con dos onerosísimas cargas: su insaciable élite empresarial y su servil gobierno, aderezadas con el incomprensible cuan desesperante silencio de los mexicanos.

Neoliberalismo, um dogma inabalável? - Michel Husson -


O corpus neoliberal é um conjunto “de ideias mortas que ainda caminham entre nós”, explica John Quiggin num livro notável. A crise deveria tê-las reduzido a pó, mas as ideias neoliberais são constantemente renovadas, segundo um processo de produção permanente, no seio de verdadeiras fábricas que funcionam como aparelhos ideológicos: instituições internacionais, universidades, think tanks. A sua legitimidade assenta na ideia de que a economia é uma ciência de leis incontornáveis.

Na França, centenas de economistas reuniram-se para dizer até que ponto estavam “perplexos” em razão das políticas levadas a cabo na Europa. Diante da crise, as medidas de apoio à atividade depressa foram substituídas por uma austeridade generalizada. Ora, esta desencadeia uma espiral recessiva que não pode resolver a questão da dívida, e muito menos do desemprego. Esta vontade cega de voltar ao business as usual vem acompanhada de uma aplicação brutal das receitas neoliberais, que se parece muito a uma terapia de choque.

Podemos falar aqui de dogma, no sentido de que o corpus neoliberal é um conjunto “de ideias mortas que passeiam ainda entre nós”, como explica John Quiggin num livro notável [1]. Ele cita cinco, entre as quais a hipótese da “eficiência dos mercados” (os preços determinados pelos mercados financeiros representam a melhor estimativa possível de um investimento) ou a “teoria do escoamento” (trickle down economics) segundo a qual o bem-estar dos “1%” acaba por beneficiar o conjunto da população.

A crise, e o aumento das desigualdades que a precedeu, deveriam ter reduzido a pó estas ideias: mas elas sobrevivem, como testemunham a ausência de medidas significativas de regulação financeira ou de redução das desigualdades. Isto acontece porque o dogma neoliberal é constantemente renovado segundo um processo de produção permanente, no seio de verdadeiras fábricas: instituições internacionais, universidades, think tanks. Estes “aparelhos ideológicos” são ricamente dotados de meios e tendem a marginalizar todo o programa de investigação heterodoxa. A sua legitimidade assenta na ideia de que a economia é uma ciência de leis incontornáveis, tão intangíveis quanto as leis da física. Este cientifismo é o fundamento sobre o qual pode construir-se o crescimento econômico.

Eis porque certos economistas podem sinceramente pensar que são depositários da razão econômica. Mas nem todos. Um grupo de economistas tomou recentemente posição “sem opção ideológica” a favor de Nicolas Sarkozy, precisando que “nem de direita nem de esquerda, a ciência econômica ajuda a deliberar as escolhas [sic]”.

Angela Merkel enunciou de maneira muito clara as “reformas estruturais” que deveriam acompanhar o “pacto do crescimento” proposto por Mário Draghi, presidente do BCE: “os custos salariais não devem ser muito elevados, as barreiras no mercado de trabalho devem ser baixas, para que cada qual possa conseguir um emprego”. Aqui temos dois artigos essenciais do dogma: o desemprego resulta de um “custo do trabalho” muito elevado e da rigidez do mercado de trabalho. Temos o direito de falar aqui de um dogma, porque esta causalidade nunca foi estabelecida. No entanto, muito se investiu para consegui-lo e a OCDE construiu mesmo toda uma bateria de indicadores com este fim.

Mas o resultado foi um fracasso: apesar dos estudos truncados, dos “consensos” duvidosos e das regras de três abusivas, nenhum resultado sólido pôde ser identificado. O último relatório da OIT (Organização Internacional do Trabalho) consagra um capítulo ao balanço desta literatura e conclui assim: “Os dados empíricos confirmam a conclusão de estudos anteriores: não existe ligação clara entre a legislação protetora do emprego e o nível de emprego”.

Promover políticas cujos efeitos contraproducentes são comprovados (recessão e precariedade) demonstra uma obstinação dogmática de que Jacques Freyssinet deu a chave: “Quando a situação melhora, isso prova a eficácia das reformas realizadas; quando a situação se degrada, isso prova a necessidade de acelerar o seu ritmo”.

Mas o dogma não é simplesmente irracional. Ele funda uma irracionalidade restrita, fornecendo elementos de legitimidade a políticas que procuram preservar os privilégios de uma camada social estreita. Neste sentido, o dogma é um dos instrumentos que permitem reforçar o poder do capital. Mas esta arma ideológica não é suficiente para contornar o grande dilema que a crise fez aparecer: o capitalismo neoliberal já não pode funcionar nas mesmas bases, mas não aceita espontaneamente outras regras de funcionamento. Só um grau suplementar de afundamento na crise e/ou uma pressão social suficiente poderia afastá-lo do dogma neoliberal.
Retirado de Salut et Fraternité, PDF no site hussonet.

Tradução de Luis Leiria para o Esquerda.net


NOTA
[1] 
John Quiggin, “Zombie Economics. How Dead Ideas Still Walk among Us”, Princeton University Press, 2010.

O desafio sul-americano - Samuel Pinheiro Guimarães


O principal desafio da política externa brasileira no século XXI será a América do Sul. No processo de construção da integração América do Sul é preciso vencer o pessimismo interessado daqueles que, externa e internamente, não acreditam no potencial nem do Brasil, nem do Mercosul, nem da América do Sul, e que preferem sonhar com a volta ao regaço do colonialismo, até recentemente sob as roupagem tentadoras, agora meio esfrangalhadas, da globalização equânime, do livre comércio e da auto regulação dos mercados.

1. O principal desafio da política externa brasileira no século XXI será a América do Sul.

2. A América Central e o Caribe, a América do Norte, a Europa, a África e a Ásia serão áreas de grande interesse, mas nenhuma delas apresenta para a política externa brasileira a mesma complexidade do que a América do Sul.

3. As relações do Brasil com cada país da América do Sul são fundamentais tanto bilateralmente como para a defesa dos interesses do país na esfera multilateral, em suas dimensões política, econômica e militar.

4. A característica essencial dessas relações são as assimetrias de ordem econômica, política e militar entre o Brasil e cada um de seus nove vizinhos de fronteira e os outros dois vizinhos de região, o Chile e o Equador.

5. O território brasileiro é cerca de três vezes o território da Argentina, que é o segundo maior da América do Sul, com seus quase três milhões de Km² o que naturalmente inclui as Ilhas Malvinas, Sandwich e Geórgia do Sul, ocupadas ilegalmente pela Inglaterra. A extraordinária extensão do território brasileiro, o quinto maior do mundo, significa que a possibilidade de o Brasil deter uma gama mais diversificada de recursos minerais assim como a de ter uma produção agrícola maior e mais variada é maior, em princípio, o que, aliás, já ocorre, do que a de seus vizinhos.

6. A população brasileira é quase cinco vezes a da Argentina (41 milhões) ou quatro vezes a da Colômbia (47 milhões), as duas maiores depois do Brasil, mas chega a ser 60 vezes a do Uruguai, com seus 3,3 milhões de habitantes. Quanto maior a população, maior a possibilidade de, superadas as extraordinárias desigualdades de renda, ter um mercado interno maior e de assim lograr construir uma economia industrial mais sofisticada e com um número de setores mais amplo.

7. Por esta razão, o Brasil, em comparação com seus vizinhos, logrou estruturar uma economia industrial e de serviços muito maior, mais sofisticada e diversificada.

8. No campo político, o Brasil soube nos últimos anos estreitar suas relações com os países africanos da Costa Ocidental, com os países árabes e ainda que em menor escala com os países asiáticos, exceto no caso especial da China, com os países chamados do Sul, no que o Presidente Lula e o Chanceler Celso Amorim chamaram de uma nova geografia econômica e política mundial.

9. No caso da África, o fato de ser o Brasil o segundo maior país do mundo em população negra; de não haver legislação de natureza discriminatória ainda que haja preconceito, porém cada vez menor; de estarem sendo executadas firmes políticas de igualdade racial; de serem implementadas amplas políticas de combate à pobreza; de ter tido relativo êxito em seu processo de industrialização; de existirem semelhanças de desafios sociais, tais como na educação, na saúde, na pobreza, na habitação e do êxito de vários programas brasileiros nessas áreas; de existirem desafios econômicos semelhantes, como na agricultura de cerrado e na construção da infraestrutura; de o Brasil desenvolver políticas de cooperação técnica e financeira sem imposição de condicionalidades, como faziam as potências coloniais e fazem as neocoloniais, tudo isto explica o êxito da política brasileira com a África.

10. Com o Oriente Próximo, o equilíbrio do Brasil em relação à situação na Palestina; a defesa de uma solução pacífica para a questão do Iraque antes da eclosão da Segunda Guerra do Golfo; a cooperação técnica com a Autoridade Palestina; a iniciativa com a Turquia junto ao Irã, para permitir o encaminhamento de uma solução pacífica para as pressões americanas (e dos seus coadjuvantes ocidentais) sobre o programa nuclear iraniano, aliás, nos termos de uma carta do Presidente Obama em que ele detalhava as exigências ocidentais, tudo isto são fatores que tem contribuído para a expansão das relações comerciais e políticas do Brasil com os países do Oriente Próximo.

11. Este esforço de diversificar a política externa brasileira ocorreu sem que fossem abandonados ou prejudicados os laços tradicionais, especialmente econômicos, com os países da Europa Ocidental e com os Estados Unidos.

12. As políticas domésticas de incorporação de grandes massas da população à economia moderna e ao mercado de consumo, tais como Bolsa Família, o Luz para Todos, o crédito popular, e os programas de construção da infraestrutura e o tratamento correto ao capital estrangeiro tiveram seu papel.

13. Assim, a equidistância e independência serena da política externa brasileira, a estabilidade democrática, o equilíbrio macroeconômico, os superávits do comércio exterior, as condições do mercado interno brasileiro e seu potencial fizeram com que, nos últimos anos, o influxo de capitais estrangeiros, mesmo depois da crise, venha sendo excepcional, em especial aquele proveniente dos Estados Unidos e da Europa, e em tempos mais recentes, da China.

14. Nem as relações com os Estados Unidos e com a Europa, alvejados pela crise que não dá sinais de fim; nem todo o extraordinário potencial das relações com a África; nem a complexidade da situação do Oriente Próximo, com seu potencial explosivo; nem as relações com a Ásia e com o seu centro dinâmico a China, em sua crescente disputa com os Estados Unidos, nada disto poderá trazer para o Brasil os mesmos desafios que traz a América do Sul.

15. O desafio da política externa brasileira estará na América do Sul.

16. Em um mundo crescentemente multipolar, em que a ação americana é onipresente e poderosa, e no qual as negociações internacionais tendem a ter cada vez maior importância não só para definir as relações entre os Estados mas para fixar parâmetros para políticas domésticas, é de grande relevância a constituição de um bloco de Estados na América do Sul, tanto para aqueles de menor como para aqueles de maior dimensão, como a Argentina e o Brasil. Nas negociações internacionais a cada Estado corresponde um voto seja ele um micro Estado do Pacífico seja ele a maior Potência do mundo. A título de exemplo, nas recentes eleições para Diretor Geral da FAO o brasileiro José Graziano da Silva foi eleito por quatro votos... Os Estados de menor dimensão, se isolados, se encontram numa posição de maior fragilidade na defesa de seus interesses ou tendem a ser absorvidos por blocos maiores liderados por países desenvolvidos onde seus interesses se diluem. Mas o mesmo ocorre com os países de maior dimensão. À própria Alemanha interessa a existência e a participação na União Européia. Para o Brasil a construção de um bloco sul-americano é um objetivo estratégico mais do que fundamental: é essencial. Muitos são os desafios a enfrentar para tornar realidade este projeto.

17. As dimensões da economia brasileira, a variedade de sua produção exportável, a dimensão de suas empresas faz com que o Brasil tenda a ter um superávit comercial significativo e crônico com praticamente cada país da América do Sul. Nossa produção industrial é mais diversificada e nossa produção agrícola é semelhante à dos países vizinhos e, quando menos competitiva, é capaz de articular mecanismos de defesa que impedem ou dificultam a concorrência externa.

18. As dimensões da economia brasileira fazem com que as empresas brasileiras sejam muito maiores do que as empresas dos países vizinhos.

19. Devido às limitações do mercado interno brasileiro, decorrentes da concentração de renda, as empresas brasileiras de capital nacional procuram expandir suas operações para o exterior, natural e inicialmente para os países vizinhos.

20. Essas empresas brasileiras tendem a adquirir empresas locais existentes, o que configura um processo de desnacionalização, ou, quando vem a construir capacidade instalada nova, tendem a ser produtoras concorrentes das empresas locais.

21. À medida que empresas brasileiras assumem um papel relevante em um determinado setor, sua atividade passa a ser vital para a economia do país vizinho onde estão instaladas.

22. Assim, quando o governo local edita leis de regulamentação do setor onde atuam essas empresas e elas consideram, com ou sem razão, que seus interesses (o que significa, em geral, os seus lucros) estão sendo atingidos passam elas a “agir” junto ao governo local e, em caso de insucesso, passam a procurar a ajuda do governo de seu país de origem, isto é do Brasil.

23. Estas situações tenderão naturalmente a ocorrer e, certamente, o Brasil não dispõe dos recursos de poder para impor aos países vizinhos a sua (isto é, dessas empresas) vontade para modificar a legislação do país onde se encontram e assim, não só por razões de princípio como de conveniência, o Brasil terá de se aferrar ao princípio de não intervenção nos assuntos internos de outros países, como determina sua Constituição, para evitar receber a pecha de imperialista ou, o que é pior, de subimperialista.

24. As relações entre os países vizinhos e o Brasil tenderão a se tornar mais complexas à medida que se ampliem os fluxos migratórios desses países para o Brasil em decorrência da magnitude do mercado brasileiro, de dificuldades econômicas e políticas nos países vizinhos, do diferencial das taxas de crescimento econômico e de maiores oportunidades de emprego.

25. As relações do Brasil com os países vizinhos se tornaram ainda mais complexas devido à política exterior norte americana para a América do Sul, em especial em período de grave e prolongada crise econômica e de primórdios da longa disputa pela hegemonia com a China.

26. Os Estados Unidos, na execução de sua política externa para a região, continuarão a procurar celebrar acordos de livre comércio com os países da região e nesta estratégia desintegrar o Mercosul e desestabilizar os governos da região que se opõem mais frontalmente às políticas americanas tais como a Venezuela, o Equador e a Bolivia. Ademais, estimulam projetos, como a Aliança do Pacífico, de iniciativa mexicana que envolve a Colômbia, o Chile e o Peru, que se propõem a ser um contraponto ao Mercosul.

27. A China, por sua vez, em sua estratégia de controlar o acesso a recursos naturais e em abrir mercados para suas exportações procurava fazer algo semelhante ao propor e negociar acordos de livre comércio com os países da América do Sul como fez agora aos países do Mercosul.

28. Tanto a ação dos Estados Unidos como a da China afetam o que deve ser o principal objetivo estratégico da política exterior brasileira: a construção de um polo econômico e político na América do Sul.

29. Os Estados Unidos, através de sua política de expansão comercial que tem como um de seus instrumentos a desvalorização do dólar pela quantitative easing (ampliação da oferta de dólares) e a China, pela sua política de exportação de manufaturados, afetam a economia brasileira gerando um processo de desindustrialização que, por sua vez, atinge os laços de comércio entre os países do Mercosul e da América do Sul, cuja base é o comércio de manufaturas.

30. Por outro lado, cerca de 90% do comércio intra Mercosul é o comércio entre Brasil e Argentina e cerca de 40 a 50% do comércio entre Brasil e Argentina corresponde a automóveis e autopeças, sendo um comércio entre megaempresas multinacionais, organizado pelos Estados, de acordo com as normas do acordo automotivo.

31. Ademais, a participação das megaempresas multinacionais nas economias e no comércio exterior nos países do Mercosul é notável. Mesmo a exportação de produtos agrícolas (commodities) é controlada por megaempresas multinacionais como a Dreyfus, a Cargill, a Bunge. O comércio intra Mercosul é em grande parte um comércio organizado pelas empresas multinacionais, de acordo com seu planejamento global de produção e de comércio.

32. Assim, caberia ao Brasil como maior economia do Mercosul e da América do Sul, em conjunto com a Argentina, fortalecer sua indústria e a dos demais países do Mercosul através de uma política de comércio organizado, sem insistir no mito de um comércio livre que, na realidade, não existe já que é organizado de fato por multinacionais; fortalecer os atrativos do Mercosul para os países menores já integrantes ou candidatos ao Mercosul através da ampliação do Fundo para a Convergência Estrutural do Mercosul - FOCEM; criar linhas de créditos que estimulassem as empresas brasileiras a fazer investimentos na América do Sul e no Mercosul para ampliar a capacidade instalada nos países e não para adquirir empresas existentes; reforçar de forma significativa os programas de cooperação técnica, inclusive na área militar; instalar unidades de instituições brasileiras de pesquisa como a Embrapa, a Fiocruz, o IPEA e outras nos países da América do Sul; e finalmente fortalecer os centros de pesquisas nacionais desses países.

33. Neste processo, de construção da América do Sul é preciso vencer o pessimismo interessado daqueles que, externa e internamente, não acreditam no potencial nem do Brasil, nem do Mercosul, nem da América do Sul, e que preferem sonhar com a volta ao regaço do colonialismo, até recentemente sob as roupagem tentadoras, agora meio esfrangalhadas, da globalização equânime, do livre comércio e da auto regulação dos mercados.

Trotsky, virajes y perspectivas: historia, política revolucionaria y actualidad - Pablo Rieznik


Prensa Obrera 1236

Buenos Aires, 23/8/12

El título de este artículo alude una obra de Trotsky escrita inmediatamente después de la revolución de 1905. Resultados y Perspectivas plantea las lecciones de aquella revolución y consagra un pronóstico histórico cuyo rigor y audacia sólo pueden compararse con las del Manifiesto Comunista- como lo señaló Isaac Deutscher en su trilogía biográfica sobre Trotsky.
La sustancia de tal pronóstico alude precisamente a un viraje de la historia contemporánea: “En un país económicamente atrasado -concluyó entonces Trotsky- el proletariado puede tomar el poder antes que un país donde el capitalismo esté desarrollado (…) La Revolución Rusa produce condiciones en las que el poder puede (…) pasar a manos del proletariado antes de que los políticos del liberalismo burgués tengan la oportunidad de mostrar plenamente su genio de estadistas”.
Un viraje y una nueva transición histórica. En 1848, en el momento de la publicación del Manifiesto, la luz de la revolución democrática burguesa, que había brillado en el París de 1789, tendía a apagarse por la aparición de la clase obrera, que la burguesía consideraba una amenaza peor que la del viejo orden. Por eso, el Manifiesto Comunista preveía que la “revolución alemana (…) será el preludio de la revolución proletaria”. En 1905, el papel del movimiento obrero en la revolución mostraba la consolidación de una nueva era, de otra transición, que ponía en el primer plano la revolución socialista.
Para ese entonces, el bolchevismo ya había dado a este viraje de la historia el sello de su propio programa, cuando Lenin señaló que “el capitalismo se transforma en imperialismo en un momento muy alto de su desarrollo, cuando sus características fundamentales alumbran la transición a un nuevo régimen social”. Otra vez: viraje y transición.
Estructura y coyuntura
Los virajes y las transiciones no dominan apenas del “tempo” de la historia, sino también el de la situación política y el de la evolución de la conciencia de las masas. Trotsky vio la capacidad de Lenin para apreciar este proceso, cuando aludió a su excepcional “golpe de vista político”. Es decir, su rigor para detectar lo esencial y lo accesorio de las manifestaciones diversas de la situación corriente, lo concreto como la “síntesis de múltiples determinaciones”. “Golpe de vista”, una suerte de intuición construida sobre la base de la experiencia y tenacidad revolucionaria para captar lo esencial de un panorama político. Una cuestión clave: la evolución de la conciencia de las masas que contribuye a precisar la línea de trabajo específica (táctica).
Ese “golpe de vista político” al servicio de la tarea de llevar a la clase obrera al poder es el que, en su testimonio biográfico (Mi Vida) Trotsky estima como una de las virtudes insuperables de Lenin. Una virtud que modeló al bolchevismo en la coyuntura decisiva de 1917 y en la guerra civil.
El propio Trotsky se esmeró en el desarrollo de este recurso virtuoso para caracterizar los virajes y transiciones que dominaron las convulsivas dos décadas posteriores a la toma del poder por los bolcheviques: las derrotas de la revolución alemana del 18 al 23, la huelga general inglesa del 26 y la revolución china del 27; la trágica derrota sin lucha del PC alemán y el ascenso nazi en Alemania; las vicisitudes de la revolución española y del levantamiento del proletariado francés poco después. Por último, pero decisivo, sus planteamientos políticos en el combate final por la IV Internacional, lo que Trotsky consideró la batalla más importante de su vida, la única en la cual consideró que su tarea era “imprescindible”. Otra transición, aún inacabada, por reconstituir la dirección revolucionaria del proletariado.
Hoy
No está mal recoger, desde el ángulo que aquí indicamos, este legado de Trotsky en la situación presente. En primer lugar, porque estamos en una bisagra de la historia reciente. Es nuestra “transición”. Apenas “ayer”, en el inicio de los noventa y con el derrumbe de la URSS, el capital proclamaba a tambor batiente una suerte de venganza final contra los arrebatos revolucionarios de la clase obrera. La colonización capitalista de China, según aseguraba la burguesía, consagraba un nuevo siglo de supremacía capitalista.
Ironías de la historia: no había pasado una década cuando, en el propio sudeste asiático, el tsunami de una crisis mundial debutó en Tailandia y arrasó con los “tigres”, que se presentaban como testimonio de la siempre renovada capacidad modernizadora del capital. Fue en 1997, al año siguiente el huracán arrasó con la Rusia en restauración, cuando declaró la cesación de pagos y llevó a la quiebra a gigantes del capital financiero en Wall Street, que habían hecho su agosto con los burócratas y mafiosos reconvertidos. El derrumbe bursátil y la bancarrota se extendieron al territorio norteamericano con el estallido de las llamadas compañías tecnológicas y quiebras de corporaciones monopólicas emblemáticas como WordCom y Enron. Los vientos de la crisis entonces volvieron a tomar dirección al sur, esta vez en nuestro continente. Depredaron a Brasil y se llevaron puesto al gobierno de Fernando Henrique Cardoso, y soplaron con más fuerza en nuestro propio suelo. Es la historia conocida de la mayor depresión económica de la Argentina de todos los tiempos y su estallido final en el Argentinazo.
Ahora sabemos (¡pronosticamos!) que la “recuperación” de la economía global entre el 2002/3 y el 2007 estaba condenada a reventar en proporción a la mayor burbuja especulativa que la alimentó. Y reventó. De tal manera que tenemos una bancarrota sin precedentes que, en dos actos, se extiende desde hace más de quince años. La restauración que pretendía ser la locomotora inédita de una nueva época de ascenso, se revela ahora como una carpa de oxígeno para un enfermo terminal. ¡Cuántas palabras se han gastado para ignorar lo se puede plantear en una simple metáfora! Como un fenómeno de boomerang, pasamos ahora de la desintegración de las viejas economías estatizadas (como supuesto salvataje del capitalismo mundial y reversión de su larga declinación a lo largo de un cuarto de siglo, desde la crisis de los años setenta) a la desintegración de uno de los centros claves del capitalismo mundial, la Unión Europea.
Es la bisagra que invierte el signo de los acontecimientos de más de dos décadas y restituye el hilo de la historia, que incluso cuando parece doblarse, retorcerse y aún retroceder, no se dobla. Bisagras, virajes y transiciones. El tema ha sido examinado, otra vez, en el reciente Congreso del Partido Obrero, el cual ha trazado nuevas perspectivas -a partir de los virajes de la revolución árabe, el derrumbe político de los partidos tradicionales de Grecia y las movilizaciones crecientes en España- a lo que se suma la crisis política de conjunto en América Latina.
Desafìo
En este punto, vale la pena también volver a Trotsky cuando señalaba que la revolución socialista seguiría presente, más allá de los reflujos y las derrotas, en la inevitable tendencia a las crisis capitalistas y al “retroceso de las fuerzas productivas”. El viraje de la situación se expresa ahora, luego de una década y media de crisis mundial, en el quebrantamiento sin prisa y sin pausa de los regímenes políticos, desbordados por la bancarrota que no cesa, por huelgas y levantamientos populares -con epicentro en el viejo continente y en el mundo árabe- de un alcance que no tiene precedentes en nuestra historia reciente. Los desplazamientos políticos de las clases, la disolución de las formaciones políticas llamadas tradicionales, los cambios bruscos de frentes están a la orden del día.
En definitiva, la agenda política de la clase obrera, con todos los matices que distinguen a continentes y países, está definida por un período histórico de transición -de crisis económicas, políticas e internacionales, que plantean una nueva acción histórica independiente de las masas. La bancarrota del capital desarrolla un salto en calidad en el plano de la subjetividad política y de la conciencia de las masas. Lo vemos en Grecia (ver Grecia, o el enorme atraso… en páginas 14 y 15). La cuestión del viraje domina el momento político, así como la cuestión de la dirección política de las rebeliones populares. Es como resultado de esta caracterización que el Partido Obrero se convoca a sí mismo y a toda la izquierda revolucionaria -que proclama la lucha por la dictadura del proletariado- a desenvolver una orientación en consecuencia. La razón última del faccionalismo y de la autoproclamación, que sigue caracterizando a gran parte de la izquierda revolucionaria mundial, reside en una incomprensión fatal de la nueva transición histórica. Nuestra forma de rendir homenaje a Trotsky es recuperar uno de sus legados teórico-prácticos fundamentales: cómo construir una política revolucionaria en un período de transición.